La dieta de las ponedoras en Farmcrest no sale de un manual genérico. Se arma cada semana en el galpón, con una balanza de plataforma y una mezcladora de tambor que gira unos doce minutos por tanda. La base es maíz partido y expeller de soja, ambos comprados a acopiadores de la zona de Pergamino. Trabajar con proveedores cercanos nos deja ver el grano antes de descargarlo y ajustar la humedad si viene de una cosecha reciente.
La proporción entre maíz y soja cambia según la etapa de postura. En las primeras semanas de puesta la mezcla lleva más proteína para sostener el desarrollo del huevo. Cuando el lote entra en meseta, bajamos un punto la soja y subimos la fibra. Sobre esa base agregamos un núcleo vitamínico y mineral que aporta calcio, fósforo y vitaminas A, D y E. El calcio es lo que más miramos: si falta, la cáscara se vuelve fina y aparecen roturas en la bandeja.
Además del comedero, las aves salen a pastorear. Rotamos parcelas sembradas con alfalfa y trébol, y cada parcela descansa varias semanas antes de volver a recibir animales. Ese pastoreo aporta fibra y proteína verde, y también mantiene el suelo trabajado. En invierno, cuando el verde escasea, reforzamos con heno y ajustamos la ración del galpón para no perder peso corporal.
Cada cambio de fórmula queda anotado con fecha, motivo y lote. Después comparamos los registros de postura, el peso promedio del huevo y el porcentaje de cáscaras quebradas. Si un ajuste no mejora nada en dos semanas, lo revertimos. No hay recetas fijas: hay observación y corrección.