Cuaderno de campo
Cómo registramos cada lote de gallinas ponedoras
Trazabilidad desde el galpón hasta la bandeja
Publicado el 14 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
Cada vez que entra un lote nuevo al galpón, lo primero que hacemos es abrir el cuaderno y anotar tres datos: el número de lote, la fecha de ingreso y quién queda a cargo. Ese número nos va a acompañar durante todo el ciclo productivo, desde la primera postura hasta la salida de las aves. No es un trámite: es la manera que tenemos de saber, meses después, qué pasó con esas gallinas en una semana puntual.
La rutina de la mañana arranca antes del desayuno. Recorremos los galpones con la planilla impresa y anotamos peso promedio de una muestra, consumo de alimento del día anterior, cantidad de huevos recolectados y cualquier cosa que llame la atención: un ave decaída, una cáscara rara, una zona de cama húmeda. Esa planilla se pasa después al sistema digital, donde queda asociada al número de lote.
Lo que más nos sirve no es el dato aislado, sino la comparación. Si el consumo de alimento sube sin que la postura acompañe, revisamos ventilación y temperatura. Si el peso promedio se estanca dos semanas seguidas, ajustamos la fórmula de la mezcla. Esas decisiones quedan escritas al lado del registro, con fecha y responsable, para que cualquiera del equipo pueda reconstruir por qué se hizo lo que se hizo.
La trazabilidad también funciona hacia atrás. Cuando alguien nos pregunta de dónde salió una bandeja, podemos volver al lote, ver qué comió esa semana, qué controles sanitarios se hicieron y si hubo alguna observación. No hace falta adivinar ni confiar en la memoria: está en el cuaderno y en la planilla digital.
Con el tiempo aprendimos que el registro sirve sobre todo para corregir a tiempo. Un problema detectado el lunes se resuelve el martes; el mismo problema sin anotar puede costarnos una semana de postura. Por eso insistimos con la rutina, incluso en los días de mucho trabajo.